Cuando estalló la guerra en Argelia en 1954, los únicos Estados africanos independientes
eran Egipto, Etiopía, Liberia y Sudáfrica. Cuando la guerra terminó, en 1962,
casi todas las colonias británicas, francesas y belgas habían obtenido la independencia
o iban a obtenerla en los próximos años. A partir de 1965, toda África era independiente
con la excepción de los territorios gobernados por Portugal y lo que
entonces se conocía con el nombre del Sáhara Español. Los regímenes de las minorías
blancas de Rhodesia (más tarde Zimbabue), la República de Sudáfrica y África
del Sudoeste (más tarde Namibia) representaban una forma de colonización local
que desaparecería con mucha más lentitud, pues Sudáfrica no logró tener un gobierno
elegido por mayoría hasta 1994. Durante el proceso de descolonización se
formaron decenas de nuevos Estados, y con el aumento del número de Estados miembros,
comenzó a cambiar el equilibrio en el seno de las Naciones Unidas.
Aunque la independencia se alcanzó de forma pacífica en algunos países, en
otros los nuevos gobiernos tuvieron que afrontar conflictos armados que expulsaron
de sus hogares a muchas personas, a menudo más allá de las fronteras. También provocaron la huida de refugiados el dominio político de un grupo étnico
sobre otro y la agitación que siguió a los golpes de Estado y a las tentativas de
golpes de Estado que sufrieron los nuevos Estados africanos.
A principios de los años sesenta, la violencia que se desató tras la independencia
del Congo, Ruanda y Burundi, en la región de los Grandes Lagos del África
central provocó matanzas generalizadas y un desplazamiento masivo de la población.
Durante esa misma década, miles de refugiados huyeron de Angola, Mozambique
y Guinea-Bissau, administrados por Portugal, y un número más reducido
salió de la República de Sudáfrica, el África del Sudoeste y Rhodesia, gobernados
por regímenes controlados por minorías. El grupo más numeroso fue el integrado
por quienes huyeron de los territorios portugueses a los países vecinos para
escapar de las repercusiones de las luchas armadas por la independencia. Los habitantes
del norte de Angola se trasladaron a la República del Congo, donde la
mayoría se estableció de forma permanente.18 Los procedentes del este y del sur
de Angola huyeron a Zambia y a Botsuana. Los refugiados de Guinea-Bissau entraron
en Senegal, donde se integraron con la etnia kin del sur del país. Los refugiados
de Mozambique se dirigieron al sur de Tanzania y de Zambia. El pequeño
número de personas que huyó de la República de Sudáfrica fueron a Botsuana,
Zambia y Tanzania. Algunos marcharon más lejos y llegaron a otros Estados africanos,
a Europa y a los Estados Unidos.
Durante los años sesenta hubo otros numerosos movimientos de refugiados importantes
derivados de conflictos armados internos. Los refugiados ewes de Ghana
entraron en Togo tras la derrota de sus esfuerzos por reunir a los ewes de ambos
países. En los años siguientes a la independencia, la República del Congo sufrió una
prolongada guerra civil que obligó a muchas personas a huir en busca de seguridad
a los nueve países vecinos, sobre todo a la República Centroafricana, Sudán, Uganda,
Burundi y Tanzania. La guerra civil de Sudán provocó sucesivas oleadas de refugiados
que llegaron desde el sur a Uganda, el Congo, la República Centroafricana y
Etiopía. El conflicto armado que enfrentó a las fuerzas etíopes con los separatistas
de la provincia de Eritrea se tradujo en la entrada de refugiados en Sudán. Tras la
reafirmación armada de su separatismo religioso, los miembros de la secta Lumpa
huyeron de Zambia y se convirtieron en refugiados en el Congo.
Quizá el conflicto más devastador fue la guerra de Biafra, iniciada en 1967. La
guerra estalló cuando, en junio de ese año, esta región del oeste de Nigeria, de
población mayoritaria ibo, se autoproclamó república independiente d e B i a f r a . A l
mes siguiente comenzó la guerra civil, cuando el gobierno federal trató de mantener
la unidad de Nigeria. Dos años y medio después, las fuerzas federales se habían
impuesto, pero la guerra costó la vida de al menos 600.000 personas, que en
su mayoría murieron como consecuencia de la hambruna, y desarraigó de sus hogares
a dos millones de personas. La hambruna de Biafra tuvo una repercusión sin
precedentes en la televisión y los líderes biafreños utilizaron las dramáticas imágenes
de niños escuálidos para galvanizar la acción de la comunidad internacional.
El CICR, el Fondo de la Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y un pequeño
número de organizaciones internacionales no gubernamentales, en su mayoría
de carácter religioso, trabajaron directamente con los biafreños y establecieron un
puente aéreo hasta el sitiado territorio rebelde. En su momento de máxima actividad,
este puente aéreo transportó cada noche 500 toneladas de ayuda humanitaria
en 40 vuelos. Es interesante señalar que la persona designada por el CICR como
su «Alto Comisionado para Nigeria» durante la crisis fue Auguste Lindt, que había
sido Alto Comisionado para los Refugiados entre 1957 y 1960.19
Durante la guerra de Biafra, más de 50.000 nigerianos huyeron a los países
vecinos. El ACNUR no intervino en la prestación de asistencia a los desplazados
en el interior de Nigeria, aunque sí se la prestó a alrededor de 40.000 refugiados
ibos en Guinea Ecuatorial después de que este país pidió su ayuda, en marzo de
1969. Una vez finalizada la guerra, en enero de 1970, el ACNUR asistió también
en las repatriaciones de refugiados realizadas desde varios países, incluida la d e
más de 5.000 niños desde Gabón y Costa de Marfil.